martes, 14 de agosto de 2007

Empatía-Virtud y ejercicio-Segunda entrega

El valor de la empatía es reconocido ampliamente. Sus efectos han sido probados tanto en la anécdota cotidiana como en investigaciones.-

El psiquiatra Alfred Adler definió a la empatía como:

“el mirar con los ojos del otro, oir con los oídos del otro, sentir con el corazón del otro”

En otras palabras:
· Es sentir como el otro siente
· Es poder ponerse en los zapatos del otro; es decir, adoptar su marco de referencia interno
· Es liberarnos de nuestra persona para poder sentir como el otro siente
· No es simpatía (aunque algunos la confundan con ella)
· Es hermana de la compasión y como tal surge del corazón
· Es hija del amor incondicional
· Compromete a la persona en su totalidad (tanto a nivel de pensamiento, sentimiento y nivel físico)
· Amplifica o intensifica la motivación de aliviar la necesidad del otro
· Su ejercicio nos transforma y enriquece

Ahora bien; ¿Se nace o se hace uno empático?
Algunas formas de empatía las poseemos desde el nacimiento, como por ejemplo cuando el bebé llora al oir llorar a otro bebé.-
Es probable que algunas personas sean más predispuestas a experimentar la empatía; sin embargo, lo que si podemos afirmar es que la empatía cambia significativamente la calidad de nuestra vida como así también la de aquellos que están a nuestro alrededor.-
Te dejo esta frase para que sea el comienzo de nuestro próximo encuentro:

“Antes de juzgar a tu hermano camina en sus mocasines durante dos semanas”

Luis Castañeda

miércoles, 8 de agosto de 2007

Empatía - Virtud y ejercicio- Primera entrega

Para comenzar esta serie de entregas sobre la empatía elegí un poema para reflexionar. Espero lo disfruten....Nos encontraremos luego para adentrarnos en el mundo de la empatía.

NO TE RIAS DE UN COLLA

No te rías de un colla que bajó del cerro,
que dejó sus cabras , sus ovejas tiernas, sus habales yertos;
no te rías de un colla, si lo ves callado,
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.
No te rías de un colla, si al cruzar la calle lo ves correteando
igual que una llama, igual que un guanaco,
asustao el runa como asno bien chúcaro,
poncho con sombrero, debajo del brazo.
No sobres al colla, si un día de sol
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;
ten presente, amigo, que el vino del cerro,
donde hay mucho frío, donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.

No te rías de un colla, si lo ves comiendo su mote cocido,
su carne de avío, allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;
¿menos! Si lo ves coquiando por su Pachamama.
El bajó del cerro a vender sus cueros, a vender su lana,
a comprar azúcar, a llevar su harina; y es tan precavido,
que trajo su plata, y hasta su comida, y no te pide nada.

No te rías de un colla que está en la frontera pal lao de la Quiaca
o allá en las alturas del abra del Zenta; ten presente, amigo,
que él será el primero en parar las patas cuando alguien se atreva a violar la Patria.

No te burles de un colla, que si vas pal cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa, tomarás su chicha, te dará su poncho,
y junto a sus guaguas, comerás un tulpo y a cambio de nada.

No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio las lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!

FORTUNATO RAMOS